Masterclass exclusiva con Ursula Moreno y Antonio Andrade en el Teatro Flamenco Málaga Club
Horas antes de llenar el Martín Carpena con 8.000 personas, músicos de la Orquesta Johann Strauss cambiaron los valses de Strauss por el compás flamenco. En el Teatro Flamenco Málaga Club, Antonio Andrade y Úrsula Moreno les enseñaron que el flamenco no se lee en partituras: se siente en el cuerpo. Violinistas, chelistas y cantantes líricos descubrieron los doce tiempos de la Soleá, el mantón y las castañuelas. Un encuentro que demostró que la música clásica y el flamenco hablan el mismo idioma: la emoción.

Málaga, 27 de enero de 2026 —
No es habitual que músicos de formación clásica interrumpan su gira mundial para sumergirse en un arte tan distinto al suyo. Pero esa mañana, en el Teatro Flamenco Málaga Club, la curiosidad venció a la rutina. Los integrantes de la Orquesta Johann Strauss llegaron con partituras en la cabeza y se fueron con el compás en el cuerpo.



El fenómeno que llena estadios
La Orquesta Johann Strauss forma parte de un proyecto artístico que ha revolucionado la música clásica en el siglo XXI. Con músicos de 17 nacionalidades, esta formación recorre el mundo llevando los valses de Strauss pero también ópera, canciones de cine y melodías tradicionales de cada país, todo envuelto en un espectáculo visual y emocional que ha conquistado a millones de personas. No es casualidad que las dos noches en Málaga se agotaran por completo: este fenómeno ha demostrado que la música docta puede ser accesible sin perder su esencia.
Y fue precisamente esa apertura cultural la que hizo posible el encuentro con el flamenco.
Dos mundos frente a frente
Violinistas acostumbrados a los compases de tres tiempos del vals, chelistas de formación clásica, cantantes líricos. Todos ellos acostumbrados a interpretar a Strauss con precisión milimétrica. Esa mañana se encontraron con algo completamente diferente: los doce tiempos de la Soleá, la improvisación del flamenco, algo que no se explica con partituras.
Antonio Andrade y Úrsula Moreno diseñaron una inmersión total. Los músicos aprendieron a sentir el mantón, descubrieron el ritmo de las castañuelas y bailaron los Tangos de Granada, sintiendo cómo el flamenco es primero movimiento, después emoción, y solo al final técnica.
Lo más impactante fue la velocidad del aprendizaje. Cuando Úrsula les enseñó el compás de Soleá, ese palo jondo que lleva siglos de historia en cada golpe, los músicos lo captaron con rapidez asombrosa. «Me aluciné con lo rápido que lo entendieron. El flamenco hay que sentirlo en el cuerpo, y ellos lo captaron de inmediato», comenta Úrsula.




Un teatro, múltiples culturas
El Teatro Flamenco Málaga Club sirvió como escenario perfecto para este encuentro. Fundado en 2023 por Javier Andrade, Antonio Andrade y Úrsula Moreno, este espacio representa la visión de sus cofundadores de crear una red de teatros flamencos —Madrid (2017), Sevilla, Málaga, Granada y Barcelona — donde, como explica Antonio, «el flamenco pueda dialogar con otras culturas».
El flamenco como puente universal
Para Antonio Andrade, esta experiencia confirma algo en lo que lleva trabajando toda su vida: el flamenco es un lenguaje universal que trasciende fronteras, géneros y estilos. Desde sus teatros hasta los legendarios Cursos Internacionales de Flamenco en La Puebla de Cazalla, que este año celebran su XXII edición del 4 al 11 de julio, Antonio ha dedicado décadas a tender puentes culturales. «El flamenco y la música clásica comparten más de lo que la gente piensa», reflexiona. «Ambos requieren técnica, pasión, entrega total. La diferencia está en cómo se expresan esas emociones, pero al final, la música siempre conecta corazones. Lo importante no es de dónde viene cada tradición, sino hacia dónde pueden ir juntas».
Un encuentro para la historia
La mañana del 27 de enero de 2026 quedará en la memoria de todos los presentes como un verdadero diálogo entre culturas. Violinistas vieneses marcando el compás de Soleá. Chelistas alemanes dominando el braceo flamenco. Cantantes líricos descubriendo los secretos del mantón y las castañuelas.
En el centro de todo, Antonio Andrade y Úrsula Moreno, dos maestros que entienden que el flamenco no se enseña: se comparte. Porque al final, ya sea en un vals de Strauss o en unos Tangos de Granada, lo que importa es esa conexión invisible que convierte la música en emoción pura. Ese día, en el Teatro Flamenco Málaga, dos mundos se encontraron y descubrieron que nunca habían estado tan lejos como parecía.

